Folclore en Formentera

Los bailes, la música y los instrumentos, junto con las ropas de vestir antiguas son parte de las costumbres y tradiciones que los grupos folklóricos de la isla aún mantienen vivas.

Estas actividades musicales constituían el apartado más ocioso y festivo de la sociedad formenterense. Su ámbito (exceptuando días festivos), era más bien íntimo y familiar, de manera que las “xacotes” surgían más bien de manera espontánea en las mismas casas, normalmente durante la noche antes de ir a dormir, mientras se contaban historias y se bailaba a la luz del fuego.

Bailes:

De entre los bailes que se realizan, se deben destacar los más antiguos: “la curta”, que se utilizaba para abrir el baile y en algunas ocasiones para cerrarlo. “La llarga”; que es la danza más utilizada, se caracteriza por tener un baile más rápido. “Sa filera”; se trata de una larga (“llarga”), que realiza un hombre con dos o incluso tres mujeres, dispuestas en forma de fila, y “Ses nou rodades”, que es el más diferenciado, ya que el hombre no se mueve saltando, sino mediante pasos cortos, de tal forma que la pareja realiza un recorrido concéntrico para encontrarse en el centro y dar una vuelta juntos, hasta nueve veces antes de acabar.

Los instrumentos:

Debemos destacar que son todos de percusión y de viento, ya que nunca se utilizaban instrumentos de cuerda. Dentro del grupo de percusión encontramos: el tambor, hecho de un pedazo de tronco de pino, vaciado por dentro y recubierto con pieles de animales en los extremos. Está decorado con dibujos sobre la madera (la “riscla”).

Otro de los instrumentos son las “castanyoles”, realizadas con madera de enebro y decoradas con incisiones en sus caras externas; sus medidas son variables, al igual que el sonido que producen, más grave o más agudo, según la forma de la cavidad interna del instrumento. La misma persona encargada de tocar el tambor también se encarga de la flauta (“flaüta”), hecha a base de madera de “baladre”.

Ropas:

Las ropas más antiguas se fabricaban en la propia isla, a partir de la lana que se producía, para después tejerse en los telares que había en las casas. Los hombres llevaban pantalones muy anchos y doblados en la cintura, pero que en la parte baja se estrechaban; las camisas utilizadas eran de lino, y en la cabeza llevaban un gorro grande de lana que solía ser rojo o negro. El calzado consistía en alpargatas de esparto o “pita”.

La ropa de las mujeres también sufrió una serie de cambios: las antigua “gonelles” negras y estrechas pasaron a ser más grandes y de telas más finas, como la seda ó la lana fina, siempre de colores oscuros. Llevaban una especie de chaqueta muy estrecha llamada “jac”, y en la cabeza, un pañuelo de lana o seda. Para asistir a iglesia los domingos o días más señalados, en lugar del “jac” llevaban un manto pequeño y, por encima de todo esto, unas cadenas de oro, que se componían de una cruz y diversos collares, sujetados a los extremos de la espalda con unas agujas. También podían llevar otros objetos decorativos de oro como los botones, anillos o pendientes.

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